La Educación Popular hoy

sábado, 2 de mayo de 2015

Técnicas participativas para la Educación Popular


 

Las técnicas aportadas por estos dos libros las crearon y recrearon educadores populares en múltiples talleres de capacitación metodológica realizados en Nicaragua, México, Honduras, Panamá y Costa Rica.

También están presentes muchas otras técnicas: algunas publicadas en libros y folletos en distintos países, o que fueron relatadas por compañeros que las han creado y utilizado en su trabajo.

Por esto, el contenido de estos libros es el resultado de un trabajo práctico y colectivo: de ahí parte su riqueza y el valor de su aporte a un verdadero proceso educativo que realmente haga de los hombres y mujeres latinoamericanos sujetos capaces de apropiarse, transformar y mejorar la realidad que nos rodea.

 

El objetivo central de esta publicación es aportar herramientas para el trabajo de Educación Popular, ubicando el papel pedagógico que cumplen en un proceso de transformación orientado a la Educación para la Liberación.

No se trata de presentar técnicas que hagan al proceso educativo una forma de sometimiento y domesticación más agradable, sino que provean las herramientas para poner en tensión el contenido y la forma, a través de una metodología que les dé sentido a ambos aspectos, dentro de una definición que la ubica ligada al quehacer del pueblo organizándose y a los intereses del cambio y la construcción de una nueva sociedad.

Las dinámicas y las técnicas participativas sin este encuadramiento político pueden volverse en un activismo pasatista que obre en contra de la construcción de conocimiento en favor de un supuesto espontaneísmo y “virginidad ideológica” de las bases.

El meollo de la Educación Popular radica, por esto, en su conceptualización teórica y en los aspectos metodológicos. Las técnicas participativas hacen a la coherencia entre un marco teórico científico y liberador, y los métodos, técnicas y procedimientos que se emplean en la concretización de las actividades educativas en el proceso de construcción del poder popular.

 

Sólo a través de una pedagogía en el proceso de participación individual que se enriquece al convertirse en grupal –por cuanto alimenta y es retroalimentada en una constante interacción- podrá lograrse la premisa básica de la teoría dialéctica del conocimiento: “partir de la práctica”.

Pero, para que una técnica sirva como herramienta educativa, debe ser utilizada en función de un tema específico, con un objetivo concreto e implementada de acuerdo con los participantes con los que se está trabajando. Por eso deben ser asumidas con creatividad y flexiblemente; basándonos siempre en la conceptualización básica de que más que una educación popular hay una coeducación popular: proceso de creación y recreación de conocimientos desde y con los sectores populares y no sólo por y para los sectores populares.

 

Como advierten los autores:

  • El sólo hecho de utilizar las técnicas participativas para la educación popular no garantiza que se esté haciendo Educación Popular.
  • Las técnicas se usan para que la gente participe, o para animar, desinhibir o integrar a los participantes, o para hacer más sencillos o comprensibles los temas o contenidos que se quieren tratar, etc.
  • Estas técnicas también sirven para todo esto (según su contenido y forma) pero sobre todo deben usarse como herramientas dentro de un proceso que ayude a fortalecer la organización y concientización popular. Muchos grupos e instituciones, al no tener claro esto, usan las técnicas sin contribuir a este objetivo, o más grave aún, para ir en contra de este objetivo disfrazándose en una pseudoparticipación.

 

jueves, 23 de abril de 2015

Apuntes para ir repensando una educación para jóvenes y adultos


Viviana Taylor

 

A lo largo del tiempo algunas características no deseables de la educación de adultos se han ido volviendo estables, lo que ha contribuido a su naturalización. Esta es la razón por la cual conviene explicitarlas, a los efectos de poder analizarlas, y así comenzar a considerarlas ya no un rasgo propio de su “naturaleza” sino un problema a ser resuelto.
Algunos de los más comunes, y que requieren ser considerados al formular propuestas formativas para docentes, son:
1.     La debilidad de las políticas educativas para atender la compleja realidad de la población joven y adulta. A pesar de que en los últimos años, en Argentina se han propiciado políticas educativas específicas, es necesario seguir profundizándolas y fortaleciéndolas, ya que la educación de adultos suele ser considerada más como una herramienta de lucha contra la pobreza que por sus logros educativos. Cambiar esta mirada implicará consecuentemente revisar el presupuesto educativo destinado a esta modalidad: la marginalidad en términos políticos y presupuestarios a la que estuvo confinada durante toda nuestra historia la educación para jóvenes y adultos (EPJA), impidió a lo largo del tiempo dar respuestas adecuadas a las necesidades de la población potencial, a la vez que obstaculizó su abordaje integrado a las políticas educativas generales. En parte, esta marginación se ha ido destrabando a partir de decisiones específicas (como los planes PROGRESAR y en FINES), pero es necesario extenderlas y profundizarlas.
2.     En general, las normas específicas para esta modalidad son escasas: los marcos normativos presentan falencias tanto en su dimensión pedagógica como institucional, y para adaptarse a situaciones diversas propias de las características de la población de jóvenes y adultos.
3.     A esta modalidad se le suele asignar un carácter remedial, ya que su población aumenta proporcionalmente a la exclusión educativa de niños y jóvenes en edad escolar. Consecuentemente, corre riesgo de convertirse en una herramienta compensatoria del propio sistema.
4.     Es necesario revisar el alcance que le damos al término “adulto”: se lo relaciona en general con la edad de los sujetos, pero la mayor parte de los jóvenes y adultos a quienes se destina esta modalidad proviene de sectores marginados, excluidos del sistema productivo, con frágiles vínculos relacionales y con el sistema de protecciones sociales, todo lo cual los convierten en población vulnerable.
5.     La educación de jóvenes y adultos está en general focalizada a la alfabetización y la terminalidad de la escolaridad obligatoria, pero falla en su articulación con la realidad y sus necesidades cotidianas como el trabajo, la producción, la organización comunitaria, la salud, el medio ambiente, el desarrollo escolar.
6.     Cuando las hay, las propuestas de vinculación con el mundo del trabajo se basan en la adquisición de destrezas y habilidades para la inserción laboral. Este sesgo formativo, que fue fortalecido por el marco legal con que contó en la década de los ’90, ha impactado fuertemente en las prácticas actuales.
7.     Los puntos anteriores nos llevan a considerar que las propuestas educativas para la población de jóvenes y adultos deberían presentar diferentes formas de implementación según las instituciones, los momentos históricos y socio-políticos, el contexto local-regional, los marcos políticos generales… todo lo cual no es posible sin una discusión abierta y profunda sobre el sentido que se le otorga.

A raíz de esta puntualización de problemas a resolver, en diversas conferencias y debates en ámbitos educativos, académicos y políticos, tanto nacionales como internacionales, las prioridades comunes sobre la educación para jóvenes y adultos (EPJA) han sido las siguientes:
1.     Alfabetización como acceso a la cultura escrita, a la información y a la educación permanente a lo largo de toda la vida.
2.     Educación en la perspectiva del trabajo.
3.     Educación tendiente al desarrollo de la conciencia crítica y el pensamiento autónomo.
4.     Educación para la ciudadanía, el respeto a los derechos humanos y la participación activa.
5.     Educación de campesinos, pueblos originarios  y migrantes.
6.     Educación en contextos de encierro.
7.     Educación para un desarrollo local sostenible, articulada con las necesidades y recursos de su comunidad.

Es por esto que se vuelve necesario revisar –en principio- dos conceptualizaciones.
Por un lado, la noción de trabajo como base para poder analizar su vinculación con la educación, considerando que el trabajo es parte del desarrollo productivo y científico-tecnológico, pero también forma parte constitutiva de la trama socio-cultural y política de toda la sociedad. Es a partir de esta consideración que se plantea que la finalidad de la educación es la formación del ciudadano y del trabajador: aspectos que son inescindibles.
Por otro lado, una definición clara sobre los sujetos de esta modalidad, para poder diseñar e implementar propuestas flexibles y diversas que atiendan a la realidad cotidiana, a sus motivaciones e intereses. En este sentido, es imprescindible reconocer la heterogeneidad de estos jóvenes y adultos para repensar ofertas formativas pertinentes, sustantivas y ajustadas.

A esta consideración debemos agregarle que no podemos soslayar que en su mayoría –como escribí más arriba- provienen de sectores vulnerables de la población, lo que ha producido no sólo nuevas subjetividades sino nuevas problemáticas, que hacen que el ejercicio profesional de la EPJA  se caracterice por la necesidad de atender e intervenir en contextos que exceden la tarea pedagógica, como problemas ligados a la ley o a la necesidad de asistencia por la precariedad en las condiciones de vida, etc.
Así, podríamos señalar como las condiciones más comunes que atraviesan a muchos de los jóvenes y adultos que asisten a la EPJA:
1.     El no completamiento de sus estudios en el sistema de educación común, muchas veces asociado a experiencias negativas en su tránsito por la educación formal.
2.     La expulsión de la educación formal asociada a conflictos sociales de diferentes índoles.
3.     El requerimiento de alfabetización y/o formación básica.
4.     La exclusión del mundo del trabajo por las nuevas exigencias de competencias y capacidades demandadas por el sistema productivo.
5.     Población en contexto de encierro.
6.     Población heterogénea en edad, experiencia de vida, situación familiar y laboral.
7.     Víctimas de inequidad social y de género.
Condiciones todas estas que hacen que los educadores de adultos se enfrenten a constantes desafíos, volviendo necesario contar con estrategias de abordaje que contemplen la especificidad de estas características para posibilitar una inclusión efectiva y evitar que los sujetos que acuden en busca de educación vuelvan a ser expulsados por el sistema educativo.
Paralelamente, es importante no perder de vista que estos jóvenes y adultos no sólo son sujetos sino también productores de conocimiento y transformadores del medio del cual provienen y en el cual se desenvuelven.


Viviana Taylor
https://bejomi1.wordpress.com/2011/04/19/documentos-de-la-diniece-8-serie-la-educacion-en-debate-la-produccion-de-investigaciones-y-estudios-en-temas-de-la-edja-en-argentina-impreso-en-2011/

miércoles, 16 de mayo de 2012

Educación de adultos mayores

Teoría, investigación e intervenciones

José A. Yuni y Claudio A. Urbano






En este texto se analiza uno de los fenómenos socio-educativos más relevantes de las últimas décadas: la aparición de una nueva generación de estudiantes y de instituciones educativas, la de los adultos mayores.
El texto propone una lectura de la educación de los adultos mayores como teoría y práctica en la que confluyen el saber filosófico, el saber de las ciencias sociales, de las ciencias de la educación, la psicología y el análisis cultural. Desde una mirada integradora se abordan algunas cuestiones tales como la delimitación/diferenciación de la educación de adultos mayores y la educación de adultos, la justificación desde el punto de vista educativo de un campo específico como la gerontagogía, el tipo de metas y finalidades que la intervención pedagógica debería plantearse en relación con el paradigma teórico en que se inscriba. Además, sistematiza intervenciones educativas en relación con la estimulación de la memoria, el desarrollo creativo y personal, y la educación para la salud.



Para acceder a la versión electrónica, hacer click

viernes, 29 de octubre de 2010

El cerebro, como el diablo, sabe más por viejo


PorFacundo Manes
DIRECTOR DE INECO Y DEL INSTITUTO DE NEUROCIENCIAS DE FUNDACION FAVALORO





Qué hay de cierto en el dicho popular que dice que el diablo sabe más por viejo que por diablo? El envejecimiento cerebral normal refiere a los cambios naturales que ocurren en ausencia de enfermedad y que no se realizan súbitamente a partir de un momento dado (por ejemplo, cuando nos jubilamos), sino como resultado del continuo desarrollo que experimentamos los seres humanos a través del tiempo .

Los cambios principales se dan como una disminución leve en algunas esferas de la cognición a partir, incluso, de la segunda década de vida, especialmente en áreas como la memoria y la velocidad de procesamiento. Pero esto que podría significar un componente negativo viene acompañado por la cualidad positiva de la experiencia y el conocimiento general , que se incrementa con la edad y compensa muchas de las pérdidas en otras áreas cognitivas. Por ejemplo, las personas mayores pueden tardar más en resolver un crucigrama, pero es probable que su tasa de respuestas correctas sea mayor.

Otra habilidad mental que mejora con los años es la sabiduría . Hoy sabemos que si no hay una enfermedad que destruya neuronas, la mayor parte de ellas permanecen saludables hasta la muerte.

Distintas actividades alcanzan su natural pico máximo a diferentes edades. Las gimnastas femeninas parecen arribar a su mayor rendimiento en la pubertad. Pero no debe resultar sorprendente que muchos de los grandes hitos que marcaron la historia cultural y política hayan sido generados por líderes, intelectuales y artistas en sus etapas más tardías: José Saramago publicó El Evangelio según Jesucristo cuando tenía cerca de 70 años de edad, Mao Tse Tung impulsó la revolución china cuando ya había superado los 70 años y Pablo Casals compuso e interpretó su Himno de la paz a los 94 años.

Para intentar dilucidar por qué nuestro cerebro se lentifica con el paso del tiempo, investigadores de la Universidad de Harvard utilizaron neuroimágenes para observar el cerebro de adultos sanos de entre 18 y 93 años. Encontraron que, a medida que pasaban los años, había una pérdida de las conexiones entre distintas estructuras cerebrales. Para muchos autores, esto constituye parte del proceso conocido como olvido, que muchas veces puede resultar benéfico.

El olvido nos permite desembarazarnos de una enorme cantidad de información que tratamos día a día y que carece de utilidad.

Estudios recientes han demostrado que incluso a los 70 años hay aún generación de nuevas neuronas , lo cual permitiría producir nuevas conexiones que posibilitan nuevos aprendizajes.

El cerebro se desarrolla durante toda la vida y este desarrollo depende en gran parte de los estímulos externos. Es por ello, quizás, que en varios estudios se ha observado una asociación entre un alto nivel de educación, desafio intelectual, ejercicio físico, buena alimentación y actividades placenteras con disminución del riesgo para desarrollar demencia. El envejecimiento normal del cerebro podría ser simplemente un proceso de optimización por el cual nos aseguramos que se conserven las reservas cognitivas necesarias para un buen funcionamiento .

Una reformulación del dicho popular podría ser que el sabio, sea dios o diablo, es sabio porque es viejo.



Fuente: Diario Clarín. 24-10-2010

sábado, 4 de julio de 2009

sábado, 6 de septiembre de 2008

La educación de adultos como un encuentro con lo ajeno

Todos vivimos en un mundo que nosotros mismos creamos a través de nuestras propias interpretaciones.
Al dialogar en la vida cotidiana con quienes nos rodean (nuestras mujeres o maridos, amigos, colegas y conocidos) vamos confirmando nuestras propias interpretaciones de la realidad, las desarrollamos, las adaptamos a las nuevas situaciones y así nos afianzamos en el entramado de la red interpretativa que de nuestra vida vamos haciendo.
Así, vivimos y aprendemos en la modalidad del entorno que vamos creando; y es a través del proceso de la comunicación que se va desarrollando este proceso ininterrumpido y cíclico de desarrollo y adaptación de los patrones de interpretación.

Entonces, los seres humanos no vivimos en un entorno “natural” u “objetivo”, sino en un entorno creado por nuestras interpretaciones. Y si los patrones de interpretación de nuestra conciencia de lo cotidiano van surgiendo como resultado de una interacción constante entre la acción y la interpretación de la acción, podemos deducir dos primeras consecuencias:
Si podemos reconocer las exigencias que plantea una situación es porque en ellas vemos algo que “ya sabemos” y, en consecuencia, con nuestro actuar real no reaccionamos ante hechos objetivos, sino que siempre lo hacemos ante una definición, una interpretación de esos hechos.
Nuestra conciencia de lo cotidiano recurre a interpretaciones que se repiten, los patrones de interpretación, que son como “moldes” a los que recurrimos tratando de hacer “encajar” las situaciones a las que nos vamos enfrentando, y que sólo cambian al surgir crisis biográficas o de identidad, y no porque se revelen como inadecuados.
Vamos a analizarlas.


1. La prevalecencia de lo propio.

Si retomamos la idea de que “sólo se ve lo que ya se conoce”, será fácil comprender que uno de los mayores obstáculos que enfrentará el docente de adultos es el arraigo en los propios patrones de interpretación “de probado éxito”, casi imposibles de disolver.

Vamos a analizar dos ejemplos. Uno, especialmente llamativo, “el juramento de Cuba”, con el que Colón insiste y obliga a compartir su opinión de que Cuba es parte del continente asiático: los indios que había encontrado Colón le dijeron que estaban en una isla, pero dado que esa información no le convenía, puso en duda la fiabilidad de la información y escribió lo siguiente en su diario: “Y porque esta gente es tan ingenua y cree que todo el mundo está compuesto de islas, y porque no saben lo que es tierra continental, y porque no tienen escritura ni escritos antiguos, únicamente pensando en disfrutar la comida y las mujeres, dijeron que se trata de una isla”. Acercándose el final de esa expedición, y decidiendo aplicar su autoridad frente a sus acompañantes en vez de argumentar, obliga a todos a poner pie en tierra de la isla, y todos deben juran que “no cabe la menor duda, que pisan tierra continental, que no se trata de una isla, y que navegando a lo largo de la costa, después de muchas millas encontrarían regiones en la que encontrarían habitantes cultos que conocen el mundo. (…) Quien afirmara lo contrario, sería penado cada vez y cuando sea con una multa de diez mil maravedís y se la cortaría la lengua. A los grumetes y la gente de su talante, se les cortaría la lengua y, además, recibirían cien azotes con el extremo de una soga”. (Juramento de Cuba, Junio de 1494; Tovodoro, 1985, p. 31 y s.).
Es evidente que, en este caso, la prevalencia de lo propio, de los propios patrones de interpretación, generó en el contacto intercultural consecuencias catastróficas.

El otro ejemplo que expondré corresponde a mediados del siglo XX, ingenieros norteamericanos construyeron un aeropuerto en la región del Pacífico Sur, para lo que reclutaron a jóvenes trabajadores entre la población de la isla, los repartieron en grupos y a los mejores entre ellos los nombraron capataces de sus respectivos equipos o, incluso,
jefes de varios equipos.
En el transcurso de las semanas siguientes, los norteamericanos creían que la situación estaba evolucionando satisfactoriamente, pero una mañana encontraron degollados a todos los capataces en el comedor. ¿Qué había pasado? Según la cultura de esta población insular, era inaceptable la existencia de jerarquías entre personas de la misma edad, por lo que los norteamericanos habían creado una situación insostenible en esa sociedad, y a fin de cuentas, terminaron imponiéndose las normas culturales de los habitantes de la isla.

Estos ejemplos demuestran dos cosas:
• En primer lugar, nuestra idiosincrasia cultural está constituida por patrones de interpretación que tiene raíces muy profundas y que, en parte, albergamos de modo inconsciente. El sociólogo cultural francés Pierre Bourdieu emplea el término de habitus para describir este hecho: es decir, la suma de las experiencias sociales de una persona, que se refleja en una actitud básica general frente al mundo. Las peculiaridades socioculturales se imponen sin que nos demos cuenta, determinando nuestro comportamiento. Y así, la creación de nuestra propia realidad, nuestro comportamiento y la forma que tenemos de hablar y escuchar, nos parecen “normales”, y muchas veces no somos capaces o no estamos dispuestos a entender, los comportamientos de los “extraños”, que actúan en concordancia con lo que es típico en sus respectivas culturas.
• En segundo lugar puede suponerse que los malos entendidos son algo normal, lo que vale no sólo para los contactos entre culturas diferentes, sino que también para la comunicación entre personas pertenecientes a una misma cultura. La creencia en que es posible un entendimiento “correcto”, olvida que la interacción entre personas se rige por lo siguiente: alguien dice algo, el otro entendió aquello. Lo paradójico es que, sin embargo, ambos establecen una cooperación e interacción, claro que la mayoría de las veces basándose en interpretaciones diferentes de la misma situación.


2. Los patrones de interpretación

La segunda de las consecuencias que habíamos derivado es que nuestra conciencia de lo cotidiano recurre a interpretaciones que siempre se repiten, es decir, a patrones de interpretación.
¿Por qué recurrimos a ellos? Es simple: los patrones de interpretación facilitan una rápida orientación: ante situaciones complejas consiguen reducir las complicaciones; otorgan una perspectiva y ayudan a que lo nuevo no se perciba totalmente nuevo.
Y en lo que se refiere a la estructura de nuestra conciencia, se puede suponer que existen patrones latentes de interpretación, que muchas interpretaciones y puntos de vista tienen que ser consistentes entre sí, y que los patrones de interpretación de una persona están incluidos en un orden sistemático y jerárquico.

Sin embargo, y aunque las perspectivas y las interpretaciones son transmitidas por el entorno social durante el proceso de socialización, de modo que se imponen las orientaciones adquiridas en fases precoces (como las orientaciones de tipo cultural), aún así se desarrollan y van cambiando en el transcurso de la vida. Aunque claro, no es frecuente que se produzca un cambio radical, ya que los seres humanos nos esforzamos por aferrarnos a la forma de ver las cosas que nos es más familiar.



¿Qué relevancia tiene esto para el ámbito de la educación de adultos?

Si partimos de la idea de que la educación de adultos es una educación que proviene de otro, los docentes de la educación de adultos tienen, por una parte, que promocionar de modo profesional la adquisición y la captación de conocimientos nuevos y de nuevas experiencias mediante los arreglos correspondientes; y por otra, que ofrecer una ayuda interpretativa que posibilite la construcción de nuevos patrones de interpretación de la realidad.

Detengámonos sobre esta segunda tarea. Justamente, un poco antes decíamos que los patrones de interpretación pueden cambiar, y lo hacen al surgir crisis biográficas o de identidad. Es durante estas que la educación de adultos puede ofrecer una ayuda interpretativa.
De hecho, la demanda que tienen los adultos por ofertas de educación no tiene una causa únicamente técnica. El motivo real es, con frecuencia, una fase de reorientación biográfica y el problema de la búsqueda de la propia identidad que, en el contexto complejo de las sociedades actuales, es permanente en los adultos. Y es que en este contexto se observa una erosión del papel de los adultos, ya que los elementos tradicionales (como su lugar profesional o familiar, la tradición, la cultura y la religión) han perdido su fuerza orientadora, con lo que los adultos dependen cada vez más de sí mismos en su búsqueda de una identidad y continuidad biográfica. De este modo, lo que antes era una tarea central de la juventud, se está transformando cada vez más en una tarea de toda la vida. Y así, la continuidad del sujeto está puesta en tela de juicio: los patrones de interpretación que antes fueron útiles “ya no sirven”, hay un choque de identidad y, en casos extremos, el sujeto entra en crisis.

Este estado de emergencia interpretativa de los adultos es el motivo por el cual la educación de adultos tiene la función de ofrecer una ayuda interpretativa y de apoyar y promocionar el proceso de la búsqueda de la propia identidad. En la medida en que el docente del ámbito de la educación de adultos presenta nuevas formas de ver las cosas, y ofrece ayuda para la estructuración y de reflexión, la educación de adultos se transforma en productora de una identidad social, con la que se puede alimentar y sustentar la vida práctica individual.
Dicho de otro modo: los adultos que ponen en tela de juicio los patrones de interpretación (patrones relacionados a valores, comportamientos y orientaciones) que han aplicado hasta la fecha, buscan eventos de educación de adultos porque desean dialogar con otros y buscar el enfrentamiento con contenidos nuevos para adquirir nuevas posibilidades de interpretación, con las que pueden encontrar una nueva determinación y un desarrollo de sus propia identidad.



¿Cómo colaborar, desde el lugar del docente de adultos, a que esto sea posible?

En primer lugar, será necesario derribar una ilusión básica: la que supone que los adultos aprenden lo que se les enseña. El aprendizaje de los adultos únicamente se puede entender si se intenta comprenderlo desde la perspectiva interna del sujeto que aprende y si, además, se logran reconstruir los patrones de interpretación y los proyectos de aprendizaje del sujeto.
El proceso del aprendizaje no se inicia simplemente por el hecho de que un docente plantee las correspondientes exigencias, por encima de la voluntad de quien aprende. Las exigencias de aprendizaje no son en sí actos de aprendizaje; sólo se transforman en tales si se las puede asumir conscientemente como problemas dignos de aprendizaje, lo que, por su parte, únicamente sucede si al menos se acepta dónde hay algo que se tenga que aprender.

La docencia pierde su carácter de creación y de la imposición de conocimientos, objetos de estudio y justificaciones; y en vez de ello pregunta por las razones individuales y los proyectos ya existentes y que son motivo para emprender el aprendizaje. Entonces, la docencia se encarga de asesorar y acompañar el estudio, permitiendo el surgimiento de razones para la búsqueda y mostrando perspectivas.
Al planificar y llevar a cabo medidas de educación de adultos, primero se debe averiguar cuáles son los proyectos biográficos de estudio de los participantes; a continuación, teniendo esa información de fondo, deberá ponerse cuidado en observar cómo reaccionan frente a la oferta de aprendizaje que les es ofrecida y, finalmente, desarrollar el contenido y el procedimiento del curso tomando en cuenta la situación que prevalece en la instancia concreta.

El docente, por lo tanto, tiene las siguientes funciones:
- separar a los que aprenden paulatinamente de la dependencia que tienen de su docente;
- apoyarlos para que puedan aprovechar sus propios recursos de aprendizaje, especialmente en lo que se refiere a las experiencias de otros y del docente, y ofrecerles la oportunidad de participar en procesos de aprendizaje recíproco (por ejemplo, aprendiendo en grupos);
- apoyarlos para que formulen su propia necesidad de aprendizaje;
- apoyarlos para que asuman una responsabilidad creciente en cuanto a la definición de sus propias metas de aprendizaje, a la elección del camino que seguirán durante el aprendizaje, y a la evaluación de su transcurso;
- ayudarlos a organizar lo que tengan que aprender y que esté relacionado a sus problemas personas de actualidad;
- apoyarlos a tomar decisiones, especialmente en relación con la selección de las experiencias de aprendizaje de relevancia para dichas decisiones y, también, apoyarlos a ampliar su cantera de posibles decisiones;
- facilitarles la comprensión de las perspectivas de alternativa de los demás, integrándolas en la actuación propia;
- alentarlos a utilizar criterios de decisión y evaluación que tomen en cuenta, cada vez más, una conciencia más diferenciada, la facultad de la autorreflexión y la integración de experiencias;
- fortalecer su autoconcepción (conciencia de sí mismos) en su calidad de personas que aprenden y actúan, en la medida en que son preparados para ser cada vez más independientes;
- acentuar métodos relacionados a las experiencias, participativos y orientados hacia proyectos, además de facilitar los contactos de aprendizaje cuando sea necesario; y
- tomar una decisión de tipo moral sobre el grado de apoyo que deberá prestarse al que aprende para que sea capaz de entender las posibilidades que tiene para decidir y actuar y para que mejore sus facultades de tomar decisiones.

Para que un docente sea capaz de hacer todo lo que aquí se menciona, es necesario que, antes que nada, reconozca sus propios patrones de interpretación y supere su propia soberbia. Él tiene que desarrollar la voluntad de fijarse en lo que le es familiar desde una nueva perspectiva, con “ojos ajenos”.

De lo que se trata es de no encapricharse con el dominio y la superación de todo lo demás, sino que hay que estar dispuesto a someterse a lo diferente, incluso a dejarse enajenar. Es necesario desarrollar una sensibilidad para otras formas del sentido, adquiriendo conciencia de la propia mancha ciega existente en la propia capacidad de percepción y, en consecuencia, ya no formarse un juicio con el patetismo del que conoce la verdad absoluta y definitiva, sino aceptar también que el otro conoce la verdad (…). Además, uno no solamente debería aceptar que, en principio, es justificado que una situación puede ser interpretada de un modo totalmente diferente desde otra perspectiva, sino que tal conciencia también tiene que determinar nuestro quehacer práctico, es decir, que tiene que tener consecuencias concretas. Necesitamos tener el valor de operar entre la estabilidad y el caos” (Welsch, 1994).

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